Capítulo 8: Engaño

Sofía tenía muchas amigas, como toda popular, llena de seguidoras, casi admiradoras; Laura era una de ellas. Ellas hablaban muy seguido, se contaban cosas sin dudar, pero evidente era que Sofía no diría todo, sería algo denigrante para ella misma, sería como tumbar el monumento que le hicieron las mismas simpatizantes de su vida, y obviamente, era algo que temía perder, su ego necesitaba alimentarse.

Por alguna casualidad de la vida, años antes, Ricardo había conocido a Laura. La fiesta del amigo en común, un muchacho de la universidad que los había incluso presentado, se divirtieron juntos aquella noche, hasta se pidieron los teléfonos, pero ella fue muy cortante luego de la reunión. Quiso invitarla a salir un par de veces, pero de hecho no se vieron más sino hasta que se encontraron comprando en el centro comercial; la cara de vergüenza de ella reflejaba que mas bien evadió sus invitaciones, pero él, nulo resentimiento.

Sofía le contó a Laura de Ricardo, pero ni una mínima idea de saber que era la misma persona a la que se refería. 

-Es un tipo estable, me importa mucho que no tenga problemas con el dinero. Sabes que quiero alguien que pueda darme todo -dijo Sofía.
-Oye, pero tan rápido olvidaste a Emanuel, dijiste que lo amabas -respondió Laura.
-Siempre lo quise, pero no quiero amarrarme a alguien con un futuro tan incierto como él. No sé que pasaría si nos casáramos, vamos a estar tan inciertos, no sé si me entiendes.
-Sí claro, ni siquiera tiene auto -dijo Laura mientras carcajeaba.
-¿Ves? Sí me entiendes -y reían ambas.

Se acercaba el cumpleaños de Gina, la preciosa competencia de belleza de Sofía; pero muchas amigas son más bien seres con sólo un trato de no llevarse mal pero no caerse bien por dentro, hipocresía. Igual, invitó a todas sus conocidas. Y el error en Sofía había sido comentar de esta fiesta tanto a Emanuel como Ricardo, claro, hablamos de error dentro de su mediocre y tramposa acción para con los hombres. ¿Qué debía hacer? Emanuel estaba pendiente de lo que ella hacía y Ricardo ya se creía parte de su vida. Era un dilema que tendría que resolver, iba a ser determinante para su vida social lo que pueda decidir como futuro. Su vida era tema popular pendiente en cada grupo de chicas. Ella preguntó a sus pretendientes y buscó alternativas para poder poner de pretexto si es que se decidía por uno, y es que pensaba que esto de elegir iba a ser encrucijada con poco más de tiempo, mucho más que las semanas que faltaban para la invitación.

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