(En el diario de Ariadna)
"Octubre, 31.
Hoy me la pasé increíble, salí a desayunar con Leandro muy temprano, no fui a trabajar porque me pidió que no lo hiciera, que olvide mi responsabilidad por hoy para estar todo el día juntos. Nunca me había pedido algo así; paseamos, fuimos al cine, cantamos en un karaoke, él no dejó de decirme que estaba enamorado de mí, y su mirada no me delataba nada más que amor. Recién cerca de las 10:30 me trajo a casa. Fue un día maravilloso. Se acerca mi cumpleaños y no sé si pueda superar lo de hoy."
Leandro volvió a casa pero no quiso entrar, había pasado un gran día, se sentó en la vereda y mientras sonreía pensando en su amada cayó una lágrima de sus ojos; miró al cielo y como tratando de conversar con Dios le preguntó:
-¿Esto tiene que pasar, Dios? Nadie se merece sufrir, nosotros nos amamos.
Sin dejar de llorar se levantó y corrió desesperado por la calle, lloraba como un niño. Un dolor atravesaba su pecho, él era fuerte, pero parecía que esto, definitivamente, era más grande que él. Se le derrumbaban los sueños, se le desmoronaba la ilusión.
Hay cosas que nunca un ser humano puede entender, ni siquiera el amor, todos pueden creer amar, pero tal vez no sean todos los que tengan la capacidad de hacerlo ¿y si es solo ilusión? ¿no puede ser acaso una confusión emocional? o ¿un trastorno psicológico con síntomas de enfermedad? Muchos están seguros de saber hacerlo, esa cuestión de amar, de querer tener a alguien para toda la vida, con el fundamento de que sentir es suficiente prueba. Así solemos responder la mayoría, tomamos el camino de la fácil respuesta.
El cumpleaños de Ari era a finales del mes de noviembre, él tenía preparada una sorpresa, algo que ella siempre quiso, no iba a importar cuanto podría terminar gastando, de verdad no importaba, solo quería tenerla feliz.
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