Capítulo 2: Deseando

"Estaba como loco pensando en ella, loco, muy loco; sentía que me apretaban el pecho sin dejarme respirar, sin dejarme suspirar !Dios, qué duro!. Nunca me he drogado, pero tal vez así se siente. Tienes demasiado en el cuerpo, pero quieres más"

Así describió Ricardo su sentir. Maquinaba con los ojos cuando le pregunté que creía por amar. Era claro que no dudaba ni un segundo en declarar su amor hacia ella. Con tan solo imaginarlo pienso en que su exorbitante pasión los mantiene felices.

Me contó de cuando se conocieron, como planeado por el destino (al menos, eso creemos todos), en un bar, como muchas parejas.

-¿Sabes cuánto pesa un oso polar?
-No -dijo ella.
-Lo suficiente para romper el hielo. Me llamo Ricardo.

Entre risas, tragos y bailes transcurrió ligera la noche, hasta que finalmente el amanecer los despidió. Números guardados en el móvil, emails grabados en la mente por si se escribieron mal. Todo listo como para iniciar su historia.

Él no tardó siquiera un par de días en escribirle, llamarla e invitarla a salir. Cine, típico paso después de la cena; la llevó a un restaurante elegante, luz baja, velas y una carta de comida francesa; no faltó un buen vino y destinar alguna canción como para recordar por mucho tiempo aquella salida a un violín. Charla y un par anécdotas para conocerse mejor. Él se dedicaba a la tecnología, los sistemas y todo lo que tuviese un sistema operativo, ella era frágil de pensar, prefería permanecer un tiempo sin decidir que hacer, era joven sin preocupaciones ocupacionales. Todo estaba tranquilo en la adornada mesa mientras los teléfonos estaban apagados para evitar molestias.

Ricardo la dejó en su casa alrededor de las 23 horas, con un beso en la mejilla y su abrigo en la espalda. El aire frío siempre es un aliado en las citas, los hombres lo sabemos, lo suplicamos. Un último mensaje de texto y un "buenas noches" tan intenso como si estuvieran frente a frente terminó cerrando un día perfecto, al menos para él.

Sofía se sentó al borde de la cama y mientras recibía el mensaje de texto. también tenía una llamada entrante; sonaba, vibraba, pero no quería contestar, un par de minutos y al final lo hizo:

-¿Hola?
-Sofía, soy yo, Emanuel.
-¿De qué número me estás llamando?
-Del teléfono de un amigo, estuve llamando del mío pero me da apagado.
-Me quedé sin batería, discúlpame.
-Me preocupaste mucho.
-Tranquilo mi amor, estuve todo el tiempo en mi casa.

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