Ricardo seguía con la ilusión en su máxima expresión, se creía capaz de conquistar el mundo, y si no era exactamente el mundo, pues bastaba ella, su sonrisa. Verla sonreír provocaba en él una gracia inquebrantable, como si borrara los problemas en segundos, olvidaba motivos que lo hacían sufrir. Durante los días que pasaron se llamaron incansablemente y se vieron un par de veces a escondidas para darse un beso.
Ricardo planeó un desayuno previo al trabajo, le iba bien, era un tipo que con el dinero no iba a tener problemas. Llamó a Sofía y le dijo que quería verla:
-Buenos días, princesa.
-Hola precioso, ¿como estás?
-Extrañándote, aquí loco por verte. Quiero llevarte a desayunar, son las 8:00, te parece a las 10?
-Claro, déjame alistarme y voy.
Un escote preciso que aprovechaba el verano y el sol de la mañana, zapatos altos, una falda negra que contorneaba su deliciosa figura, reloj en la mano izquierda, unos brillantes en las orejas y un collar precioso con una piedra encima, makeup con delineado negro en los ojos casi grises que se cargaba; no salió de su casa sin usar el mejor perfume que tenía, que en su simple andar hacía que las miradas aparezcan amontonadas. Era una belleza... y ella lo tenía muy en cuenta.
Se encontraron mas bien como a las 10:20, siempre llegar un poco tarde, era para reflejar más interés, según ella. Ricardo llevó la silla hacia atrás y la invitó a tomar asiento...
-¿Sabes? Nunca antes había sentido lo que hoy, me despierto con ganas de verte y apenas te conozco hace unos días -dijo él.
-Precioso, me encanta como eres. Tengo miedo que te equivoques conmigo -replicó ella.
-¿Equivocarme? ¿Por qué? Tengo muy claro lo que quiero contigo.
-Ojalá pueda ser todo lo que deseas.
-Todo depende de ti, por eso te llamé con tanto interés hoy. Quiero demostrarte que puedo ser la persona que conquistará tu corazón... ¿Quieres ser mi novia?
-(Tardó unos segundos en responder) -No sé si estoy lista -respondió Sofía- Te conozco poco y tal vez no sea el momento indicado, acabo salir de una relación y tú lo sabes.
-Está bien, princesa. No estoy forzándote, pero ten en cuenta que yo estoy listo y cuando tú me lo indiques podré ser el más feliz del mundo.
-Gracias por entenderme.
-Gracias por permitirme esperar.
Eran como las 11:30, ella le dijo, mientras él pedía la cuenta, que tenía que irse a casa.
-¿Quieres que te acompañe? -dijo él.
-No, está bien, puedo ir sola.
Sofía salió del lugar con el teléfono en la mano mientras enviaba un mensaje tan rápido como podía:
"Amor, llegaré un poco más tarde a tu casa, mamá me dijo que quería desayunar conmigo, y tenía que estar con ella, sino se molestaría. Sofi".
Ricardo la vio subir mientras tomaba el taxi. Le dio una sonrisa tan tierna y dulce que, sabiendo como iban las cosas, fue un golpazo en el pecho, pero no la detuvo. Continuó con lo que estaba haciendo.
Llegó a la casa de Emanuel, un poco tensa, distraída. Él le preparó una taza de café y la acurrucó en sus brazos. Esa tarde fue de las acostumbradas, estaban solos en el lugar y empezaron con unos besos y caricias, no se detuvieron hasta derramar la ropa por toda la casa y llevar la pasión hasta lo absoluto, se dijeron que se amaban, y que se iban a pertenecer por siempre, intensamente.
Pero ¿qué planeaba Sofía? ¿Podía acaso mantener así dos romances? Sabía que podía terminar todo mal. Pero fue más fuerte su decisión, esa de seguir viendo a Ricardo y Emanuel, tan injusta como nadie, tan pecadora como muchas.
Ricardo planeó un desayuno previo al trabajo, le iba bien, era un tipo que con el dinero no iba a tener problemas. Llamó a Sofía y le dijo que quería verla:
-Buenos días, princesa.
-Hola precioso, ¿como estás?
-Extrañándote, aquí loco por verte. Quiero llevarte a desayunar, son las 8:00, te parece a las 10?
-Claro, déjame alistarme y voy.
Un escote preciso que aprovechaba el verano y el sol de la mañana, zapatos altos, una falda negra que contorneaba su deliciosa figura, reloj en la mano izquierda, unos brillantes en las orejas y un collar precioso con una piedra encima, makeup con delineado negro en los ojos casi grises que se cargaba; no salió de su casa sin usar el mejor perfume que tenía, que en su simple andar hacía que las miradas aparezcan amontonadas. Era una belleza... y ella lo tenía muy en cuenta.
Se encontraron mas bien como a las 10:20, siempre llegar un poco tarde, era para reflejar más interés, según ella. Ricardo llevó la silla hacia atrás y la invitó a tomar asiento...
-¿Sabes? Nunca antes había sentido lo que hoy, me despierto con ganas de verte y apenas te conozco hace unos días -dijo él.
-Precioso, me encanta como eres. Tengo miedo que te equivoques conmigo -replicó ella.
-¿Equivocarme? ¿Por qué? Tengo muy claro lo que quiero contigo.
-Ojalá pueda ser todo lo que deseas.
-Todo depende de ti, por eso te llamé con tanto interés hoy. Quiero demostrarte que puedo ser la persona que conquistará tu corazón... ¿Quieres ser mi novia?
-(Tardó unos segundos en responder) -No sé si estoy lista -respondió Sofía- Te conozco poco y tal vez no sea el momento indicado, acabo salir de una relación y tú lo sabes.
-Está bien, princesa. No estoy forzándote, pero ten en cuenta que yo estoy listo y cuando tú me lo indiques podré ser el más feliz del mundo.
-Gracias por entenderme.
-Gracias por permitirme esperar.
Eran como las 11:30, ella le dijo, mientras él pedía la cuenta, que tenía que irse a casa.
-¿Quieres que te acompañe? -dijo él.
-No, está bien, puedo ir sola.
Sofía salió del lugar con el teléfono en la mano mientras enviaba un mensaje tan rápido como podía:
"Amor, llegaré un poco más tarde a tu casa, mamá me dijo que quería desayunar conmigo, y tenía que estar con ella, sino se molestaría. Sofi".
Ricardo la vio subir mientras tomaba el taxi. Le dio una sonrisa tan tierna y dulce que, sabiendo como iban las cosas, fue un golpazo en el pecho, pero no la detuvo. Continuó con lo que estaba haciendo.
Llegó a la casa de Emanuel, un poco tensa, distraída. Él le preparó una taza de café y la acurrucó en sus brazos. Esa tarde fue de las acostumbradas, estaban solos en el lugar y empezaron con unos besos y caricias, no se detuvieron hasta derramar la ropa por toda la casa y llevar la pasión hasta lo absoluto, se dijeron que se amaban, y que se iban a pertenecer por siempre, intensamente.
Pero ¿qué planeaba Sofía? ¿Podía acaso mantener así dos romances? Sabía que podía terminar todo mal. Pero fue más fuerte su decisión, esa de seguir viendo a Ricardo y Emanuel, tan injusta como nadie, tan pecadora como muchas.
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